Ha sido promovido como cura milagrosa y vinculado a intoxicaciones graves. Incluso después de las advertencias emitidas por el Instituto de Salud Pública en 2012 hasta el 2020, el dióxido de cloro sigue circulando en Chile como una supuesta terapia alternativa. Se vende en redes sociales, adopta distintos nombres y llega a personas que buscan soluciones rápidas o abandonan tratamientos médicos formales. ¿Cómo opera este mercado? ¿Qué sostiene su expansión?
Por Lorena Riquelme Navarrete y Sofía Torrejón Vega